lunes, 1 de abril de 2013

Cómo quitar al bebé mocos y flemas


Si el pediatra te dice que tu bebé está sano, no te agobies porque tenga mocos y flemas cada dos por tres. Pero, eso sí, aprende a quitarle estas mucosidades para que pueda respirar mejor y se sienta más cómodo.


Los bebés de pocos meses tienen mocos y flemas a menudo, incluso aunque no estén constipados. Las mucosidades son un eficaz mecanismo de defensa para su organismo, que está empezando a fortalecerse frente a los virus: limpian las vías aéreas de gérmenes (salen hacia afuera adheridos a ellas) y evitan que proliferen.

Ahora bien, a pesar de su importante misión, cuando la mucosidad es excesiva el niño está muy incómodo, y si se prolonga durante mucho tiempo puede producirle otitis (es la dolorosa inflamación del oído medio). Por eso conviene erradicarla cuando antes.

AGUA Y AMBIENTE HÚMEDO
Curiosamente, los pediatras actuales no son partidarios de recetar mucolíticos a los bebés, porque aunque disuelven la mucosidad, favoreciendo su expulsión, incrementan la secreción de moco, estableciendo así un círculo vicioso muy difícil de romper. Además, medicar al bebé cada vez que tenga mocos o flemas (casi continuamente) puede ser más nocivo para él que tener mucosidades.
En realidad, las mejores “medicinas” contra las mucosidades son...

El agua. Intenta que tu hijo beba mucha, porque el líquido ayuda a disolver y a movilizar los mocos.
Un ambiente húmedo. Evita llevarle a lugares cargados de humo y en casa procúrale un ambiente húmedo. Para ello, coloca en su cuarto un vaporizador eléctrico, recipientes llenos de agua o un humidificador. En este caso tendrás que lavarlo todos los días para evitar la formación de hongos, ya que sus esporas son nocivas para la respiración. Y no eches plantas o esencias en el agua, podrían irritar sus vías respiratorias y empeorar las cosas.
Además de tener en cuenta estos consejos, para que tu hijo pueda respirar mejor debes despejarle la nariz y la garganta de mucosidades (mira los aspiradores para quitar mocos y flemas al bebé). Hazlo así:

Nariz. Límpiale los mocos que tenga por fuera con un pañuelo muy suave, para evitar irritaciones, y lávale la nariz a menudo con suero fisiológico nasal. Túmbale de lado, para que no se trague las mucosidades, y aplícale el suero en una de las fosas nasales, mientras le presionas la otra ligeramente. Después, repite la operación en el otro orificio. Las peras de farmacia y los nebulizadores de agua marina también ayudan a despejar la nariz de los bebés. Si optas por la pera, no la emplees más de dos veces al día, para no irritar las mucosas a tu hijo.
Garganta. Los niños tan pequeños no saben expectorar: al toser, las flemas se les quedan en la boca y se las vuelven a tragar. Por eso, cuando tu hijo tosa, debes ayudarle a expulsarlas. No se las quites con el dedo, porque puedes arañarle el paladar. Enróllate una gasita estéril en el dedo índice y, sujetándola bien con el pulgar, métesela en la boca. La flema se pegará a la gasa y te será más fácil quitársela.

NO HAY QUE FORZARLE A COMER
La congestión nasal y las flemas, que son muy indigestas, pueden causar inapetencia, náuseas y vómitos a tu hijo. Ármate de paciencia, no le fuerces a comer (si lo haces, es seguro que acabará devolviendo) y, en lugar de ofrecerle cinco comidas a lo largo del día, acostúmbrate a darle siete u ocho, pero más pequeñas. De esta manera no tendrá sensación de ahogo ni sudará tanto al comer y le costará menos esfuerzo acabarse sus raciones.

Recuerda que estas líneas son sólo una guía para las madres, y no deben nunca suplir las recomendaciones de tu pediatra. 

Fuente: www.crecerfeliz.e

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