miércoles, 10 de abril de 2013

Un regalo para Alana. La historia de cómo una madre amamantó a su hija por un sólo seno

Gracias al twitter conocimos a Carla Candia @agobiosdemadre y le pedimos compartir esta historia de amor y sacrificio, Aquí se la dejamos:

Un regalo para Alana: la historia de cómo amamanté a mi hija por un sólo seno


Alana no tenía ni una semana de vida y el temor que sentía aún antes de que naciera se hacía realidad: mi hija no se pegaba de mi pecho izquierdo. Me la ponía, insistía, ella intentaba, no podía, se desesperaba, lloraba ella y lloraba yo. “¿No iba a ser capaz de amamantarla exclusivamente, tal como lo había hecho mi abuela con sus seis hijos y mi madre conmigo, tal como lo había soñado yo? ¿No podría darle el mejor regalo que se le puede dar a un recién nacido?” me preguntaba mientras me sentía preocupada y abatida.
Cuando tenía 17 años me habían practicado una mamoplastia reductora pues uno de mis senos era considerablemente más grande que el otro y me estaba causando problemas de columna. En aquél momento, por supuesto, no se me cruzó por la mente que eso podría comprometer la lactancia materna hasta que mi consultora, al verme los senos, me lo hizo saber: sí, mi pezón plano e invertido en el seno izquierdo podría ser un obstáculo pero el verdadero inconveniente se presentaría si durante la cirugía habían cortado los ductos lactíferos. Si esto había sido así, entonces, mi producción de leche seguramente estaba siendo afectada. La recomendación de la consultora: concentrarme en darle por el seno derecho a libre demanda y cada vez que ella se dejara, intentar, sutilmente, con el otro. 
Así lo hice. Al comienzo, Alana tenía hambre más o menos cada hora y media y si estaba despierta era porque probablemente estaba comiendo. Cada vez que lloraba yo le ofrecía el pecho. Lucía bien, producía suficientes pañales mojados y sucios y no había razón ninguna para complementar.
Al final de la primera semana todo parecía estar encaminado. Estaba entusiasmada pero un malestar no me dejaba disfrutar de mi pequeño gran logro: tenía escalofríos y estaba caliente. “¿Sería la bajada de la leche?, pero tantos días después, qué raro”, pensé. Una fiebre de más de 41 grados,  un enrojecimiento en el seno y una llamada a mi obstetra me confirmaron lo que ya sospechaba: mastitis (inflamación de la glándula mamaria). La primera de cuatro que me dieron. A pesar del dolor y el malestar, decidí que no iba a parar de amamantarla. Además de mantener viva una tradición familiar, me impulsaba una razón mucho más poderosa: mi esposo y yo somos altamente alérgicos y asmáticos y sabíamos que la lactancia materna, entre innumerables beneficios, ayuda a prevenir alergias.
Superadas las mastitis, la lactancia siguió con relativa normalidad. Sin embargo, por más que insistía, después de dos meses, Alana todavía no se pegaba del pecho izquierdo y cada vez que intentaba usar el extractor apenas salían gotas. Luego de conversar con la consultora decidí que no insistiría más. Amamantaría a mi hija con un solo seno. ¿Si tal como me había dicho ella, mujeres que habían perdido un seno a causa de cáncer lo hacían, por qué no iba  a poder yo?
Aunque aumentaba de peso correctamente, la frecuencia con la que comía y la irritabilidad que a veces mostraba me preocupaban. Sabía que los primeros seis meses de vida la lactancia debía ser exclusiva y a demanda pero en numerosas ocasiones Alana pasaba hasta ocho horas pegada a mi pecho (incluso cuando se suponía que no estaba atravesando por un salto de crecimiento) ¿Estaría pasando hambre? ¿Estaría produciendo yo lo suficiente? Ante mi inquietud, el pediatra había usado la siguiente analogía: “¿Si tú quieres ir de Caracas a Puerto La Cruz con un cuarto de tanque de gasolina, qué es lo que va a pasar? Vas a tener que pararte cada cierto tiempo a llenar el tanque. Igual pasa contigo, la bebé te va a pedir más seguido”. La consultora me había asegurado que al no dar por uno, el otro supliría la demanda pero el mastólogo me había dicho que mujeres en situaciones similares a la mía habían tenido que complementar.
La fórmula no era lo que quería para mi hija, el pensamiento de no darle “el mejor alimento” me atormentaba, pero la idea de que pasara hambre me destrozaba. Decidí entonces probar con  una fórmula anti-alérgica e hidrolizada. ¿Qué eran cuatro onzas al día si el resto del tiempo se alimentaba de mi leche?
Lograr que aceptara la fórmula fue una batalla pero al cabo de un mes lo hacía sin problema. Fue ahí cuando empecé a notar que Alana “buchaba” con mayor frecuencia, hasta 12 veces en un día. El pediatra me recomendó que visitara un gastroenterólogo y éste me cambió la fórmula. Dos horas después de tomarse cuatro onzas Alana vomitó como la protagonista de El Exorcista. Al consultar nuevamente al gastroenterólogo me recomendó que volviera a la fórmula de antes, a la que le provocaba mini vómitos durante todo el día. En ese momento paré. Algo estaba mal, o mejor dicho, todo estaba mal. No tengo nada en contra de complementar con fórmula, pero evidentemente no estaba funcionando para nosotras.
Decidí que volvería a la lactancia exclusiva, sin importar el tiempo que me tomara o que no hiciera nada más en el día.  Me relajé, me olvidé de horarios, me olvidé de si estaría produciendo 12 onzas, 20 o 40. No era una carrera. Nadie llevaba la cuenta. Lo único que importaba era que Alana creciera sana. Así que dejé de pensar y confié en mí, en mi cuerpo, en ella. Me concentré en verla, en admirarla, en escuchar sus necesidades. En esas horas en las que parecía que la amantaba eternamente aprendí más de ella que en cualquier otro momento, aprendí a leer su rostro, sus gestos, a entender sus suspiros, sus gemidos, sus llantos, me aprendí el ritmo de los latidos de su corazón y como sonaban cuando estaban junto al mío. Entonces, algo más pasó, Alana dejó de estar irritable, dejó de pasar el día pegada a mi pecho y empezó a comer con una frecuencia que resultaba cómoda para las dos. Juntas llegamos a ocho meses de lactancia (seis “casi” exclusiva). Ahora que ya tiene 1 año y la veo fuerte y feliz sé que el regalo me lo dio ella a mí.

Carla Candia Casado

Twitter @agobiosdemadre
Email: agobiosdemadre@gmail.com



1 comentario:

  1. Queee hermosa historia!! es tanto lo que hacemos por nuestros hijos que nada es imposible. Mi bebe d 5 meses es puro pecho. Y no le gusta la formula le he cambiado 3 veces de leche y nada. Es super sanito

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